Mantener las puertas
Los elementos más sufridos de la casa

 

La vida diaria hace que las puertas interiores de nuestras casas sufran una sucesión de pequeños deterioros. El traslado de muebles, los juegos de los niños o de nuestras mascotas, los golpes o muchas actividades cotidianas que realizamos dentro de nuestro hogar, causan roces y arañazos en las puertas, lo cual va menoscabando su apariencia, y por tanto la estética de las habitaciones.

Podremos reparar los pequeños desperfectos con algunos materiales básicos y un poco de habilidad. Dispensando periódicos cuidados a esos continuos desgastes, conseguiremos que nuestras puertas exhiban largos años su lustre y su belleza. Devolver la apariencia original a una puerta con largos años de servicios es prácticamente imposible, pero a cambio obtendremos la pátina que el tiempo y los cuidados dejan en los muebles.

La importancia del mantenimiento
Recordemos una norma básica del bricolaje: el mantenimiento es más rápido y sencillo que los arreglos. Ante todo, abordaremos las mellas y arañazos: el mercado ofrece ceras reparadoras en un amplio catálogo de colores, aptos para camuflar el daño en cualquier tipo de madera. Para ello cogeremos una pequeña cantidad y la amasaremos con los dedos, así la calentamos hasta hacerla maleable.

   


Una vez reblandecida, aplicamos la masilla, alisándola con una espátula, y cuando haya secado la lijaremos suavemente, con cuidado de no rayar la superficie sana. Si no encontramos el color exacto de nuestra puerta, mezclaremos distintos tonos hasta conseguirla. Cuando las rozaduras son tan pequeñas que no necesitan relleno, aplicaremos líquidos reparadores, que dejarán nuestras puertas como nuevas.

Cómo eliminar las capas dañadas
Normalmente, las puertas interiores de nuestras casas no son de madera maciza. Están fabricadas con tableros, que se cubren con una fina chapa de madera decorativa, pintada o barnizada. En este caso, lo primero que haremos será eliminar el barniz o la pintura deteriorada. Antes inmovilizaremos la puerta para que no oscile, y quitaremos la manilla para facilitar el trabajo y no dejar cercos.

   

Una vez hechos los preparativos, pasamos a limpiar la puerta, para lo que podemos utilizar la lijadora o mejor un producto decapante, más rápido y eficaz. Si nos decidimos por el decapante, aplicaremos el producto con una brocha sobre la pintura o el barniz previos, dejando secar el tiempo que se indique en el envase. Transcurrido ese tiempo, lo retiraremos con una espátula y ya tenemos nuestra puerta lista para el acicalado.

Tratamiento final
Eliminados los desperfectos, procederemos a barnizar o pintar, dependiendo de cada puerta y de nuestros gustos personales. Si escogemos la pintura, conviene dar antes una base de imprimación para garantizar un buen agarre, base que lijaremos suavemente una vez haya secado. Después extendemos la pintura con un pequeño rodillo de lacar, tanto si aplicamos esmalte acrílico como sintético.

   

Si queremos que se sigan viendo las vetas de la madera, en vez de pintar daremos cera o barniz. El barniz puede tener color o ser totalmente transparente. Al igual que el esmalte, podemos encontrarlo acrílico y sintético. Finalmente, dejaremos secar la puerta evitando las corrientes, para que no se adhieran partículas en suspensión, que llenarían la superficie de granos. Al acabar, ventilaremos la estancia: los productos son bastante tóxicos y desprenden un olor fuerte y desagradable.

Por Fernando Barón