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La vida diaria hace que las puertas interiores de nuestras casas sufran una sucesión de pequeños deterioros. El traslado de muebles, los juegos de los niños o de nuestras mascotas, los golpes o muchas actividades cotidianas que realizamos dentro de nuestro hogar, causan roces y arañazos en las puertas, lo cual va menoscabando su apariencia, y por tanto la estética de las habitaciones. Podremos reparar los pequeños desperfectos con
algunos materiales básicos y un poco de habilidad. Dispensando periódicos
cuidados a esos continuos desgastes, conseguiremos que nuestras puertas
exhiban largos años su lustre y su belleza. Devolver la apariencia
original a una puerta con largos años de servicios es prácticamente
imposible, pero a cambio obtendremos la pátina que el tiempo y los
cuidados dejan en los muebles.
Una vez hechos los preparativos, pasamos a limpiar
la puerta, para lo que podemos utilizar la lijadora o mejor un
producto decapante, más rápido y eficaz. Si nos decidimos por el
decapante, aplicaremos el producto con una brocha sobre la pintura o el
barniz previos, dejando secar el tiempo que se indique en el envase.
Transcurrido ese tiempo, lo retiraremos con una espátula y ya tenemos
nuestra puerta lista para el acicalado. Si queremos que se sigan viendo las vetas de la madera, en vez de pintar daremos cera o barniz. El barniz puede tener color o ser totalmente transparente. Al igual que el esmalte, podemos encontrarlo acrílico y sintético. Finalmente, dejaremos secar la puerta evitando las corrientes, para que no se adhieran partículas en suspensión, que llenarían la superficie de granos. Al acabar, ventilaremos la estancia: los productos son bastante tóxicos y desprenden un olor fuerte y desagradable. Por Fernando Barón |